Hoy: «Hank, Elisa y las algas de la Costa Este»
—Esto no tiene sentido. Corro detrás de un imposible.
Hank alejó la computadora portátil del borde de su escritorio de roble macizo y se tomó la cabeza con las manos, derrotado.
—¿Cuál es el imposible, cariño?
Elisa habló desde un rincón del living amplio, desde las penumbras, porque el velador que Hank encendía para trabajar en armonía estaba junto al balcón y a ella, en la otra punta, apenas alcanzaba a iluminarla.
—Nunca llegaré a los tres mil caracteres. El texto no va a ninguna parte. Es puro relleno. Se nota a la legua. Puede verse desde Illinois.
Elisa dejó la plancha y se puso las manos en la cintura. Llevaba puesto un delantal, a pesar de que faltaba un buen rato para que empezara a preparar la cena. Su pelo cobrizo lucía prisionero de mil hebillas largas y plateadas y ruleros de plástico de diversos colores. Por un instante, casi imperceptible, se sobresaltó, como por acto reflejo. Pero de inmediato constató que sí, había puesto la plancha en la posición correcta. No hubiera sido la primera vez que la dejaba apoyada boca abajo y calcinaba una prenda de Hank.
—¿Qué es lo que puede verse desde Illinois, cariño? No lo entiendo.
Hank se quitó las manos de las sienes y se reclinó hacia atrás, con un bufido. Elisa nunca entendía nada, pensó.
—Las redundancias. Las descripciones excesivas. El detalle superfluo de cada acción. El afán por llenar el espacio con una historia vacía, en la que no sucede nada. Las líneas de diálogo alargadas, forzadas, sin destino. Un montón de palabras sosas, colocadas una detrás de la otra, para que cuando el lector llegue al final del texto solo pueda sentir que fue estafado, que no le contaron nada, que apenas fue una monumental pérdida de tiempo. Todo eso se ve desde Illinois, Elisa.
—Cuántas cosas. ¿Y por qué desde Illinois?
Esta vez Hank no contestó. Se puso de pie y caminó hasta la ventana. Allí abrió el mueble bar portátil con forma de globo terráqueo, levantó el hemisferio norte que hacía las veces de tapa y extrajo una botella de Johnnie Walker etiqueta verde. Se sirvió un vaso ancho y plano que había heredado de su malogrado suegro y se sentó en el sofá.
Luego murmuró una frase ambigua y resignada.
—No sé por qué insisto.
Elisa decidió dejar de hablar por un instante. Tomó la plancha y continuó alisando una de las camisas favoritas de su marido. Pero el silencio no le duró demasiado.
—¿De qué trata la historia, Hank?
Hank no respondió enseguida. No podía salir de sus pensamientos. ¿A quién podía interesarle un artículo de esa calaña? ¿Qué lector compraría el periódico con el fin de leer ese recuadro? Llevaba décadas en el oficio. Por supuesto que podía escribir tres mil caracteres de casi cualquier cosa. Pero esa vez Smith había ido demasiado lejos. Había decidido desafiarlo. Hank sabía que, detrás de esa encomienda, se escondía algún encono personal.
Eligió deponer su actitud. Al fin y al cabo, su mujer no tenía la culpa de la imbecilidad de su jefe. Bebió un sorbo largo de whisky antes de responder.
—Algas en la Costa Este. Al parecer está lleno.
Elisa se llevó una mano a la boca. Hank lamentó habérselo contado. Sabía que su mujer se preocupaba demasiado.
—Todo estará bien, cariño —se apresuró a aclarar—. Todo estará bien.
—Lo… Lo sé, sí, lo sé —respondió Elisa, a mitad de camino entre la intranquilidad y la vergüenza por su extrema sensibilidad.
—¿Estás llorando, Elisa?
La mujer se sorbió los mocos y negó con la cabeza. Él caminó hasta ella y la abrazó con suavidad. Luego bajó el tono de su voz e intentó ser amable.
—Por eso es que evito contarte cosas del trabajo, cariño. Sé que las noticias no siempre son alentadoras. Anda, todo estará bien.
Ella asintió y se secó las lágrimas deprisa.
Hank volvió a sentarse frente al ordenador. Elisa volvió a hablar, con su voz todavía algo temblorosa.
—¿Crees que estaría bien cenar bistec con patatas?
Hank comenzó a teclear y respondió sin quitar la vista de la pantalla.
—Un bistec con patatas estaría de maravillas.
Redondeó su artículo con un remate intrascendente y, cuando alcanzó el número de caracteres deseados, volvió a bajar la tapa de la portátil.


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